Bienvenidos. Este blog está dedicado a la Microbiología pero en general cualquier tema científico de interés tambien puede aparecer. El contenido de este blog es estrictamente científico y docente, por lo que no es un consultorio de salud. No estoy ni capacitado ni autorizado para responder a consultas de carácter médico-sanitario que expongan casos personales. Las imágenes que aparecen están sacadas de sitios públicos de la web y se indica su origen o basta cliquear sobre ellas para saberlo, pero si hay algún problema de copyright, por favor indicarlo en comentarios y se retirarán.

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jueves, 6 de mayo de 2021

Mis dudas sobre la bioética del ensayo clínico CombiVacS



Reconozco que no soy un especialista en bioética. La poca que sé es porque me he leído algún que otro artículo para poder preparar mi clase sobre los ensayos clínicos que imparto a mis alumnos de Microbiología Industrial en 2º curso de Biotecnología. Siempre les insisto que en los ensayos clínicos se hacen experimentos con seres humanos y que por lo tanto es un proceso muy regulado. Incluso les pongo una diapositiva en la que les muestro la imagen que encabeza esta entrada y que resume los aspectos fundamentales del Real Decreto 1090/2015.


Entrada publicada originalmente en el blog Microbichitos. Para seguir leyendo clickea aquí.

lunes, 21 de enero de 2013

Errores letales

origen de la imagen: Fallacyfiles


Durante los meses de diciembre y enero aparecen muchos artículos del tipo "los 10 mejores...invenciones, descubrimientos, artículos, etc". Aunque también existen artículos con la versión oscura de "los 10 peores...". En el caso de la revista Wired han realizado un lista con los que ellos han considerado como los peores errores científicos del 2012. El primero de ellos es uno que involucra a un hongo y un medicamento. El segundo el infame comportamiento de dos neurocirujanos.

Conidias e hifas de Exserohilum rostratum. Fuente: CDC


El pasado mes de octubre, el CDC de Atlanta confirmó la aparición de un brote de meningitis causada por el hongo Exserohilum rostratum. La noticia llegó a aparecer en los medios de comunicación españoles. Este hongo es un saprófito y muy raramente actúa como un patógeno oportunista que afectaba fundamentalmente a personas inmunodeprimidas. Un brote así de raro indicaba que los afectados habían sido infectados mediante algún tipo de inoculación.

El CDC investigó el asunto y llegó a la conclusión de que todos los pacientes afectados habían recibido una inyección epidural con un esteroide que había sido elaborado en la compañía New England Compounding Center. Esa compañía es lo que los norteamericanos llaman una "compounding pharmacy", una instalación farmacéutica donde, tras comprar los principios activos a las grandes compañías farmacéuticas, los mezclan en la fórmula magistral que desea el cliente y los venden. Este tipo de instalaciones no están sometidas a las mismas normas de manipulación de medicamentos que las grandes compañías. Además, no pueden vender los medicamentos a instalaciones hospitalarias, sino solamente a pacientes con receta. Debido a este brote el gobierno estadounidense se va a replantear la situación de dichas compañías.



Como puede verse en la imagen de arriba, hasta la fecha, el CDC ha reconocido que hay 678 casos y que 44 personas han fallecido. Pero se piensa que puede haber unas 14.000 personas en 19 estados que tienen riesgo de verse afectadas.

El segundo "error" fue el experimento con pacientes terminales llevado a cabo por los neurocirujanos J. Paul Muizelaar y Rudolph Schrot, de la Universidad de Davis en California. Su objetivo era desarrollar un proyecto llamado "Terapia intracraneal probiótica para el glioma maligno". Este proyecto se basaba en la llamada hipótesis de la vacuna o toxina de Colley. En el siglo XIX, William Coley observó que una preparación de bacterias Streptococcus pyogenes y Serratia marcescens muertas por calor parecía provocar la remisión parcial de algunos tumores. Inicialmente se vio como una posible terapia antitumoral, pero la inyección de la toxina de Coley provocaba graves efectos secundarios, e incluso la muerte de los pacientes. Afortunadamente, las observaciones de Coley no cayeron en saco roto ya que llevaron al descubrimiento del Factor de Necrosis Tumoral (TNF). Lo que ocurría es que las endotoxinas de las bacterias usadas provocan que el sistema inmune secrete TNF, una citoquina que provoca la necrosis de los tejidos, pero de manera inespecífica. Es decir, el TNF destruye tanto a las células sanas como a las tumorales. Pero algunos científicos piensan que la toxina de Coley sí que tiene un efecto antitumoral per se, sin embargo el porqué de dicho efecto no está muy bien estudiado y comprendido. In vitro se ha observado que los restos bacterianos de la toxina de Coley parecen adherirse a las células tumorales y que inhiben algo su crecimiento, pero el tratamiento sistemático con toxina de Coley en animales al final no funciona. Baste decir que ha pasado más de un siglo desde que Coley realizó sus observaciones y aún no se ha desarrollado ninguna aplicación clínica fiable.

Microfotografías de células tumorales tratadas con la toxina de Coley. Se puede observar que los "cadáveres" de las bacterias se han adherido a las células. Fuente: Maletki et al. (2012) Clin Dev Immunol.


El glioblastoma es un tumor maligno muy agresivo. Los pacientes no sobreviven más de 15 meses después de haberse realizado el diagnóstico. Al parecer Muizelaar afirmaba conocer a un par de pacientes que tenían glioblastoma y que habían sobrevivido 15 años porque habían desarrollado una infección. Así que los dos cirujanos diseñaron un protocolo experimental. Cuando lo expusieron a la FDA esta les contestó que era un tratamiento demasiado arriesgado y sin mucho fundamento, así que debería probarlo primero en animales. Pero parece que Muizelaar y Schrot tenían prisa, así que consiguieron el permiso de tres pacientes con glioblastoma en fase terminal. El tratamiento consistiría en operarles el cerebro e inocularles la bacteria Enterobacter aerogenes en la herida con la esperanza de que el sistema inmune reaccionara y paralizara el desarrollo del tumor.

Los resultados fueron los previsibles para cualquiera que no hubiera estado cegado por dicha hipótesis. El primer paciente murió de sepsis seis semanas después de la intervención. El segundo paciente sobrevivió diez meses gracias al tratamiento con antibióticos. Según Muizelaar y Schrot el tamaño del tumor disminuyó. El tercer paciente desarrolló meningitis y sepsis, falleciendo a los pocos días de la intervención.

Enterobacter. Fuente de la imagen: Microbewiki


Antes del fallecimiento del tercer paciente, la universidad tomó cartas en el asunto. Los dos neurocirujanos, aunque tenían el permiso de los pacientes, no habían comunicado sus intenciones al comité de bioética de la Universidad de Davis. Los protocolos de experimentación en humanos están muy regulados y deben de pasar el examen de un comité federal y de la propia institución, para evitar que los investigadores se aprovechen del estado psicológico de los pacientes terminales, dispuestos a probar lo que sea con tal de vivir un poco más. De hecho, ambos cirujanos ya tenían previsto realizar cinco intervenciones más. En su defensa han alegado que lo hacían por el bien de los pacientes, lo cual me ha hecho recordar el famoso dicho de que el infierno está empedrado de buenas intenciones.


Esta entrada participa en el XX carnaval de la Biología alojado en Ecoforestalia y en III carnaval de Humanidades alojado en El cuaderno de Calpurnia.

ResearchBlogging.org

Maletzki C, Klier U, Obst W, Kreikemeyer B, & Linnebacher M (2012). Reevaluating the concept of treating experimental tumors with a mixed bacterial vaccine: Coley's Toxin. Clinical & developmental immunology, 2012 PMID: 23193416

viernes, 7 de octubre de 2011

Prejuicios, anticonceptivos inyectables y HIV



El pasado 4 de octubre la revista The Lancet Infectious Diseases publicó un artículo titulado "Uso de anticonceptivos hormonales y riesgo de transmisión del HIV: un estudio prospectivo". Los autores encontraron que el riesgo de transmisión y de infección prácticamente se duplicaba si se utilizaban anticonceptivos hormonales, sobre todo inyectables. La posible razón es que dichos anticonceptivos alteraban el epitelio vaginal y eso facilitaba la infección vírica.


Fotografía microscópica del epitelio vaginal humano durante la primera mitad del ciclo menstrual (arriba), cuando los niveles de estrógeno son altos y el epitelio es grueso. Durante la segunda mitad del ciclos (abajo) la progesterona es la hormona dominante y el epitelio vaginal es más delgado. Fuente Nature


Distintos medios de comunicación españoles se hicieron eco de la noticia aunque cada uno hizo su lectura particular de los resultados obtenidos. Al leer los distintos artículos me acordé de un viejo dicho que dice que no importa que el astrónomo sea de izquierdas o de derechas, la estrella sigue ahí brillando. Ciencia y prejuicios son incompatibles, pero los científicos somos seres humanos. Y está claro que cada uno tiene su propia ética.

El artículo del Lancet es un ejemplo de como esos prejuicios pueden causar un daño irreparable. Porque si hace diez años se hubieran hecho bien las cosas ese artículo nunca debería haberse escrito. En la sección de noticias de la revista Nature cuentan la historia. Resulta que hace 15 años ya se publicó un artículo en la revista Nature Medicine que demostraba que el uso de progesterona como anticonceptivo en hembras de macaco Rhesus multiplicaba por 7 el riesgo de infección por SIV (el homólogo del HIV en simios). Según declaraciones del doctor Preston Marx, primer firmante del trabajo de 1996, - No es que nosotros publicáramos nuestro trabajo en una revista desconocida. No hay ninguna excusa para la gente que trabaja en anticonceptivos para que no conociera esto y para que no hubieran hecho algo a finales de los 90. Deberíamos haber sabido que ocurría en humanos hace 10 años. En opinión de Preston Marx, los expertos en salud pública eran hostiles a dichos resultados porque no querían saber nada de que un método anticonceptivo barato, accesible y popular en los países en desarrollo podía tener efectos adversos en la salud. En su lugar prefirieron matar al mensajero e incluso llegaron en un congreso a acusar al grupo investigador de manipular los resultados. También se ignoraron los resultados de un estudio prospectivo realizado en el 2008 con 1.500 prostitutas (sex-workers) en Kenya.


Efectos potenciales de las hormonas esteroides en la mucosa vaginal. (A) El tratamiento sistémico o tópico con estrógeno provoca un engrosamiento del epitelio vaginal en macacos ovarioectomizados. El engrosamiento del epitelio puede interferir con el acceso del HIV a sus células objetivo (Células de Langerhans, células T, y macrófagos subepiteliales). El estrógeno disminuye la frecuencia de células de Langerhans (LC) en el epitelio y baja el pH cervicovaginal, lo que hace que el ambiente sera hostil para el virus. (B) En los macacos hembras tratados con progesterona el epitelio es mucho más delgado, lo que facilita el acceso del virus a las células diana. El efecto de la progesterona en el epitelio femenino humano parece ser menor que en macacos, pero también produce su disminución. Además, también causa cambios en la microbiota vaginal, sobretodo la disminución de las poblaciones de Lactobacillus, lo que facilita la colonización por otros patógenos como Candida, gonococos o clamidias. Fuente: Hetz et al.


Como era de esperar, los expertos en salud pública y los epidemiólogos ven las cosas de distinta manera. En opinión de Mary Lyn Gaffield la epidemióloga de la OMS responsable de planificación familiar, los estudios de los años 90 tienen "limitaciones metodológicas". Para ella el perfil de riesgo de las prostitutas es diferente del de la población general y podría haber factores que provocaran confusión en las conclusiones, como es el uso de condones o la poca fiabilidad de las respuestas por parte de las prostitutas. Pero algunos han cambiado de opinión. El inmunologo Zdenek Hel de la Universidad de Alabama, era el primer autor de una revisión del 2010 sobre si los anticonceptivos aumentaban la vulnerabilidad de las mujeres a la infección por HIV. En dicho trabajo se decía que la cuestión era "muy controvertida" y que los datos eran "inconcluyentes" y que por lo tanto se necesitaban más trabajos. Ahora, Hel opina del nuevo estudio que puede reflejar un fenómeno biológico real e importante y debe de tomarse en cuenta seriamente. Este podría ser el estudio epidemiológico concluyente que todo el mundo esperaba

La conclusión de los autores del trabajo publicado en The Lancet es que se confirman los resultados anteriores y que se debería de avisar a todas las personas que utilizaban dichos métodos anticonceptivos de los riesgos asociados y de que utilicen condones como una protección dual para disminuir el riesgo de infección por HIV. Por eso opino que si ese consejo se hubiera dado a finales de los 90, este artículo no se habría publicado.

Realizado a partir de la noticia aparecida en Nature News.


Esta entrada participa en el VI Carnaval de la Biología organizado por Diario de un copépodo

ResearchBlogging.org
Marx, P., Spira, A., Gettie, A., Dailey, P., Veazey, R., Lackner, A., Mahoney, C., Miller, C., Claypool, L., Ho, D., & Alexander, N. (1996). Progesterone implants enhance SIV vaginal transmission and early virus load Nature Medicine, 2 (10), 1084-1089 DOI: 10.1038/nm1096-1084
Hladik, F., & McElrath, M. (2008). Setting the stage: host invasion by HIV Nature Reviews Immunology, 8 (6), 447-457 DOI: 10.1038/nri2302
Hel, Z., Stringer, E., & Mestecky, J. (2009). Sex Steroid Hormones, Hormonal Contraception, and the Immunobiology of Human Immunodeficiency Virus-1 Infection Endocrine Reviews, 31 (1), 79-97 DOI: 10.1210/er.2009-0018
Heffron R, Donnell D, Rees H, Celum C, Mugo N, Were E, de Bruyn G, Nakku-Joloba E, Ngure K, Kiarie J, Coombs RW, Baeten JM, & for the Partners in Prevention HSV/HIV Transmission Study Team (2011). Use of hormonal contraceptives and risk of HIV-1 transmission: a prospective cohort study. The Lancet infectious diseases PMID: 21975269

lunes, 14 de febrero de 2011

Documental: "La guerra de las vacunas"

El pasado sábado emitieron por la 2 un documental titulado "La guerra de las vacunas" sobre el tema de los movimientos antivacunas en los Estados Unidos y en Gran Bretaña. Un tema que recientemente también ha tenido su repercusión en España. En el documental se nos muestra como nacieron dichos movimientos, la historia del fraude realizado por el doctor Wakefield (el Harry Lime del siglo XXI), y otros aspectos de interés. La página oficial de Documentos TV aún no lo ha colgado en la web, pero al menos en youtube se puede encontrar ya, aunque le falte una parte del inicio. Lo incluyo aquí por su interés.








martes, 5 de octubre de 2010

Cine y Bichos: El experimento Tuskegee

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El infierno está empedrado de buenas intenciones. Esta frase atribuida a San Bernardo de Claraval resume perfectamente la historia que cuenta la película "El experimento Tuskegee" (Miss Evers' Boys, 1997 ). Ya comenté en la entrada anterior que la estaba elaborando cuando surgió la noticia sobre los experimentos similares en Guatemala



La producción está articulada como una serie de flahbacks relatados por la enfermera Eunice Evers (Alfre Woodard) que está declarando en una comisión investigadora del Senado estadounidense. Esta enfermera, cuyo nombre real era Eunice Rivers, es la protagonista sobre la que gira la historia ya que fue el único miembro del equipo investigador que permaneció a lo largo de los 40 años que duró el estudio. Su participación fue esencial pues era el vínculo de unión entre los médicos y los pacientes negros. Firmó artículos como autora principal y llegó a ser vista como un ejemplo de integración de la mujer negra en el mundo académico y científico.




En 1928, la Sección de Enfermedades Venéreas del Servicio de Salud Pública (PHS) de los Estados Unidos y la Fundación Rosenwald de Chicago decidieron co-financiar un estudio sobre el la prevalencia de la sífilis entre la población negra de los Estados del Sur. La mayor parte de los médicos del PHS tenían un pensamiento progresista y opinaban que había que hacer un esfuerzo educativo y sanitario entre dicha población para así mejorar su calidad de vida. El estudio era visto como un signo de los nuevos tiempos. En esos momentos vientos de cambio agitaban a la sociedad norteamericana y esta investigación fue una de las muchas iniciativas en el camino de conseguir la integración racial.





Entre 1929 y 1931, se inició un proyecto para la detección y el tratamiento de la sífilis entre la población negra de cinco condados de diferentes estados sureños. Se encontró que el condado de Macon, en Alabama, era el que presentaba la mayor prevalencia, un 36%. La idea era que durante 8 meses, 399 hombres de raza negra que padecían sífilis iban a ser estudiados y comparados con un grupo control de 201 hombres sin infectar. Al final de los 8 meses, los pacientes serían tratados de su enfermedad. El tratamiento se basaba en el uso del Salvarsan, un compuesto orgánico de arsénico, y en sales mercuriales. Ese tratamiento provocaba una gran cantidad de reacciones adversas y era muy caro, pero era la única alternativa. Para animar a la participación, además de la gratuidad del tratamiento, se ofertaron exámenes médicos, comida y transporte a las instalaciones sanitarias. Para muchas de esas personas de origen tan humilde era la primera vez que les examinaba un doctor.

Los médicos del PHS solicitaron la colaboración de los médicos de raza negra del Instituto Tuskegee (actualmente Universidad de Tuskegee). El instituto recibiría fondos federales, puestos de trabajo y formación especializada para su personal sanitario. A cambio, el instituto se comprometió a convencer a los líderes de la comunidad negra a que apoyaran el estudio. Cómo la sífilis provocaba un gran rechazo social se decidió que no se informaría a los pacientes de que enfermedad padecían. Simplemente se les dijo que tenían "sangre mala", un término vago que englobaba a la sífilis, pero también a la anemia o a la fatiga.






Al poco de iniciarse el estudio la Gran Depresión provocó que la Fundación Rosenwald retirara su apoyo económico, por lo que no podía suministrarse el carísimo tratamiento. Los investigadores, blancos y negros, se vieron frente a una disyuntiva. Cancelar el estudio o continuarlo cambiando su enfoque. Se decidieron por lo último.

En 1928 se publicó un trabajo conocido como el Estudio de Oslo. Era un trabajo retrospectivo que describía lo que le había pasado a un grupo de enfermos noruegos de sífilis desde el año 1909. Los investigadores de Tuskegee decidieron realizar su propio estudio pero de manera prospectiva. Es decir, observarían el desarrollo de la enfermedad entre los pacientes negros sin tratar. Y aquí nos encontramos con la primera decisión ética de gravedad. Se decidió que se seguiría manteniendo en la ignorancia a los pacientes y que los fondos federales se destinarían a costear el transporte, los exámenes médicos, la toma de muestras incluidas punciones lumbares ofrecidas como un "tratamiento especial", e incluso el tratamiento gratuito de enfermedades menores, pero nunca se dedicarían al caro tratamiento de la sífilis.





Tanto el personal sanitario blanco como negro vieron en aquello un avance social. El estudio de Oslo había sido realizado con pacientes blancos. El suyo mostraría si la población negra se comportaba de manera distinta o no. Si no era así, entonces se demostraría que no había diferencias raciales con respecto a la enfermedad. Teóricamente, el estudio debía de durar los 8 meses previstos. Después, se realizaría un informe y se finalizaría. Pero los 8 meses pasaron y el estudio continuó. Nadie estaba interesado en pararlo. Para la Universidad de Tuskegee era una fuente de financiación y trabajo. Para el PHS era un estudio único en el mundo que podía generar un gran número de artículos. A los ojos de los investigadores, los pacientes habían dejado de ser seres humanos y habían pasado a ser material de estudio.

En medio de la II Guerra Mundial se tomó la más grave decisión ética. Desde 1943, la sífilis era tratada exitósamente con penicilina, y dicho medicamento estaba disponible para los soldados. 250 hombres del estudio fueron llamados a filas, pero los investigadores consiguieron que no fueran reclutados para así evitar que fueran tratados y curados. En 1947, tras el descubrimiento de los experimentos médicos nazis y japoneses, se firmó el Código de Nuremberg sobre la realización de ensayos clínicos en humanos. En ese mismo año, la penicilina estaba disponible para la población civil y era barata. Pero los médicos de Tuskegee obviaron el beneficio de los pacientes y siguieron con su estudio justificándose en que al haber sido iniciado en 1932, no se le podía aplicar el Código de Nuremberg. Además realizaron una lista con los pacientes que fue enviada a los distintos hospitales de la zona para evitar que se les suministrase dicho medicamento. Por si no bastaba, se les engañó asegurándoles que la penicilina podía provocarles la muerte por una reacción adversa.






El estudio terminó bruscamente en 1972 cuando Peter Buxtun, un miembro reciente del equipo investigador, denunció la mala praxis a la prensa. Sólo sobrevivían 74 personas de los 399 iniciales. 28 habían muerto por causa directa de la sífilis. 100 murieron por complicaciones relacionadas. Además, 40 esposas fueron infectadas y 19 niños nacieron con sífilis congénita. Los pacientes habían pasado a ser víctimas.


La película se centra sobre todo en los sucesos ocurridos entre los años 1928 y 1947. El personaje de Evers es muy interesante porque personifica el debate moral. Por un lado sabe qué esta pasando y no lo cuenta, y por otro se siente con remordimientos lo que la obliga a consolar y confortar a los pacientes. Su relación con ellos fue muy estrecha, y en la película incluso inicia un romance con uno de ellos (Laurence Fishburne). Rivers Siguió preocupándose de los pacientes incluso después de su jubilación. Uno puede entender que una enfermera negra de un estado sureño en los años 30 del pasado siglo no tendría manera de objetar las decisiones de un médico de raza negra, y mucho menos de un médico de raza blanca. Pero en los años 50 y 60 las cosas habían cambiado mucho. La auténtica Eunice Rivers no tuvo los remordimientos de la ficticia Rivers y defendió siempre que el estudio supuso un gran beneficio para gente tan humilde y que la decisión de mantener engañados a los pacientes era la correcta. Pero como se encarga de decirle el personaje de Laurence Fishburne, ellos son negros, no niños.


Eunice Rivers no fue la única persona en defender el estudio. Muchos de los médicos, blancos y negros, también lo hicieron. John Heller, el director del Servicio de Enfermedades Venéreas del PHS entre 1942 y 1948 llegó a afirmar que la situación de los hombres no justifica el debate ético. Ellos eran sujetos, no pacientes; eran material clínico, no gente enferma. Tras la investigación senatorial se establecieron una serie de protocolos y comisiones para evitar que dicha situación volviera a repetirse. Pero el daño ya estaba hecho. Cuando apareció el SIDA se observó que la población negra estadounidense era la más reacia a acudir a los hospitales y hoy en día es el segmento de población más reticente a la donación de órganos.


Y es que a veces las mejores intenciones causan lo mayores males.






Enlaces relacionados: "El experimento Tuskegee" en la Revista de Medicina y Cine


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RIVERS E, SCHUMAN SH, SIMPSON L, & OLANSKY S (1953). Twenty years of followup experience in a long-range medical study. Public health reports, 68 (4), 391-5 PMID: 13047502

Thomas, S., & Quinn, S. (1991). The Tuskegee Syphilis Study, 1932 to 1972: implications for HIV education and AIDS risk education programs in the black community. American Journal of Public Health, 81 (11), 1498-1505 DOI: 10.2105/AJPH.81.11.1498

sábado, 2 de octubre de 2010

El infame experimento de la sífilis de Tuskegee se repitió en Guatemala


Treponema pallidum, el patógeno de la sífilis (fuente: Wikipedia)


Estaba preparando una entrada dedicada a la película "El experimento Tuskegee" cuando ha saltado la siguiente noticia.

El gobierno de EE.UU. ha pedido disculpas al gobierno de Guatemala por haber realizado un experimento en el que se infectó deliberadamente con sífilis a 696 personas. El experimento fue realizado entre los años 1946 y 1948 y no se pidió autorización a ninguna de las victimas.

Según la secretaria de Estado Hillary Clinton, el experimento fue "claramente inmoral". Desde 1947, año en el que se firmó el protocolo de Nuremberg para la experimentación médica en humanos, se requiere el consentimiento informado de los participantes del estudio, así como la aprobación de una junta de revisión institucional.

La investigación fue descubierta por Susan Reverby, profesora sobre Estudios de la Mujer y de Género del Wellesley College. En su artículo que publicará la revista Journal of Policy History, describe como entre los años 1946 y 1948, se infectó deliberadamente a 696 personas que se encontraban en la Penitenciaría Nacional de Guatemala, el Hospital Nacional de Salud Mental y los cuarteles militares en Guatemala. A los prisioneros la infección fue provocada a través de prostitutas infectadas y los otros a través de la inoculación directa. Al parecer los permisos fueron obtenidos de las autoridades guatemaltecas, pero no de los individuos, una práctica muy común en aquella época. Después de haber sido infectados, a los pacientes se les administró penicilina para curarles la enfermedad. Sin embargo, parece ser que el tratamiento no se siguió hasta estar seguros de la completa curación de todas las victimas.

El estudio de Guatemala fue dirigido por John Cutler, un médico del Servicio de Salud Pública de los EE.UU. tristemente famoso por haber participado en el experimento de la sífilis en Tuskegee. Durante los años 30, los investigadores observaron la progresión de la enfermedad en cientos de hombres negros de clase baja en Macon County, Alabama. Los pacientes nunca fueron tratados de su dolencia y se les engañó haciéndoles creer que si tomaban penicilina morirían. El estudio de Tuskegee comenzó en 1932 y se detuvo en 1972, sólo después de que los periódicos informaran del experimento en 1972. El presidente Bill Clinton ofreció una disculpa formal por parte del gobierno en 1997.


Tras la disculpa formal por parte de Hillary Clinton se ha prometido una investigación exhaustiva sobre el caso.


Realizado a partir de material de Scientific American


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Susan M. Reverby (2010). Normal Exposure’ and Inoculation Syphilis: A PHS ‘Tuskegee’
Doctor in Guatemala, 1946-48 Journal of Policy History